miércoles, 24 de febrero de 2010

El exceso de ruido puede equipararse a una agresión física

El Tribunal Supremo de España confirmó una sentencia en la que el ruido se consideró como un delito de lesiones, y no de falta como había sucedido hasta ahora. El ruido, ahora, puede ser considerado un arma para provocar lesiones, como un cuchillo.

Un fallo de la Audiencia de Barcelona de enero de 2009 condenó a cinco años y medio de prisión a María del Carmen Ahijado, la propietaria del pub Donegal en el casco viejo de Barcelona, que sin permiso administrativo alguno instaló un sistema de sonido en su local que, de nueve de la mañana a tres de la madrugada "ha perturbado gravemente la vida familiar y la salud física y psíquica" de los denunciantes, según recoge esta sentencia.

El Tribunal Supremo ahora confirma que los excesos acústicos provocaron al matrimonio víctima un trastorno depresivo ansioso que requirió tratamiento a base de ansiolíticos. De hecho, uno de los afectados todavía sigue con tratamiento farmacológico al degenerar su estado en una "fobia acústica".

El abogado Luis Gallardo, al frente de la Asociación Catalana Contra la Contaminación Acústica (ACCA), expresaba a ABC.es su satisfacción por un fallo que no sólo reconoce la tesis de sus defendidos, sino que se convierte en una poderosa arma para luchar a partir de ahora contra los agresores acústicos. "En algunos casos ha bastado con mencionar la posibilidad de interponer una demanda penal para que el propietario de un pub o bar ruidoso ponga arreglo", explica. "La sentencia del Tribunal Supremo es una advertencia. Poca broma con el ruido, que te juegas la cárcel", añade.

"Sentencias como esta -insiste el abogado Gallardo- consiguen lo que nuestra asociación y cualquier médico, proclaman, que el ruido puede ser un arma muy eficaz para causar lesiones, como puede ser un cuchillo. La diferencia con una herida física es que esta puede curarse, una herida psíquica tiene una cura más difícil, como demuestra el caso de mis defendidos".

http://www.hispasonic.com/noticias/exceso-ruido-puede-equipararse-agresion-fisica-14195

martes, 23 de febrero de 2010

Pepi se acongoja

Pepi, sin gritar mucho, pidió ayuda a las demás manzanas. Intentaba llamar su atención balanceándose de la rama de la que colgaba, pero las demás manzanitas, como no tenían pajarracos a su lado, sino pajarillos, no se preocupaban por ella. Sí que se preocupaba Tomás el pajarraco, dado que le llamaban la atención los balanceos sin pausa de Pepi.

Poco a poco el pajarraco se acercaba a la manzanita y ésta estaba cada vez más acongojada…

3 ANUNCIOS Y VOLVEMOS

(To be continued…)

lunes, 22 de febrero de 2010

LOS COMIENZOS: Sampling II

Dos "canciones" más de la época en que jugaba con los sonidos. Gente con gusto se recomienda no darle al "Play". LO DEL PRINCIPIO ES PUBLICIDAD (saben que conmigo ganan dinero... QUE CASUALIDAD QUE ES DE RED BULL, yo no digo nada...)




Que simples somos

1. - DIARIO DE ELLA:

El sábado por la noche lo encontré raro. Habíamos quedado en encontrarnos en un bar para tomar una copa. Estuve toda la tarde de compras con unas amigas y pensé que era culpa mía porque llegué con un poco de retraso a mi cita, pero el no hizo ningún comentario. La conversación no era muy animada, así que le propuse ir a un lugar más íntimo para poder charlar más tranquilamente.
Fuimos a un restaurante y él seguía portándose de forma extraña. Estaba como ausente. Intenté que se animara, y empecé a pensar si sería por culpa mía o por cualquier otra cosa.
Le pregunté y me dijo que no tenía que ver conmigo. Pero no me quedé muy convencida. En el camino para casa, en el coche, le dije que lo quería mucho y él se limitó a pasarme el brazo por los hombros, sin contestarme. No sé cómo explicar su actitud, porque no me dijo que él también me quería, no dijo nada y yo estaba cada vez más preocupada. Llegamos por fin a casa y en ese momento pensé que quería dejarme. Por eso intenté hacerle hablar, pero encendió la tele y se puso a mirarla con aire distante, como haciéndome ver que todo había terminado entre nosotros. Por fin desistí y le dije que me iba a la cama. Más o menos diez minutos más tarde, él vino también y, para mi sorpresa, correspondió a mis caricias e hicimos el amor, pero seguía teniendo un aire distraído. Después, quise afrontar la situación, hablar con él cuanto antes, pero se quedó dormido. Empecé a llorar y lloré hasta quedarme adormecida. Ya no sé qué hacer. Estoy casi segura de que sus pensamientos están con otra. Mi vida es un auténtico desastre.


2. - DIARIO DE ÉL:

Ayer perdió el R. Zaragoza. Por lo menos follé.


Esto lo añado yo:

3- Ayer perdió el R. Zaragoza. A secas.

sábado, 20 de febrero de 2010

LOS COMIENZOS: Sampling

Corría el año 2000 a pesar de que unos cuantos se empeñaran en que la Nochevieja pasada ocurriría algo que quizás acabara con todos nosotros. No ocurrió y la cosa tiró p’alante. Me regalaron por mi cumpleaños mi primer ordenador, y único de sobremesa que he tenido (descanse en paz).

Después de un tiempo jugando con el editor de audio en el ordenador de mi padre, por fin adquirí mi primer secuenciador. Era el programa Music Maker, que salía con CD’s repletos de librerías de sonido que se pueden utilizar siempre que no sea con fines comerciales.

En el secuenciador importaba sonidos de las librerías, los juntaba, cortaba, alargaba, y así hacía canciones. Había subido de nivel, de hacer “algo que sonaba”, por fin hacía “algo que sonaba un poco normal”.

Aquí está la primera canción que hice con mi primer contacto con un secuenciador, gente con gusto se recomienda no dar al "Play". AL PRINCIPIO SUENA PUBLICIDAD.


jueves, 18 de febrero de 2010

Pepi se aturde

Erase una vez una manzana que estaba en un árbol. A su lado habían más manzanas, y junto a ellas, aún más. El árbol tenía también hojas, pero no, no eran de papel, ni tampoco tenía folios. Eran de esas hojas que tienen los árboles, de las de su madre naturaleza. Al árbol le llamaremos Pedro. Pedro también tenía un tronco muy grande, y por eso, los demás árboles le llamaban “tronco”.

La manzana en cuestión era la Pepi, y vivía en lo más alto de la copa. Pepi estaba muy orgullosa, ya que veía a las demás manzanas por debajo suyo.

Cayó la noche y comenzó a llover. Los truenos retumbaban en el campo y los pajaritos se cubrían bajo los abrigos de los árboles. Pedro tenía sobre él gran cantidad de pajarillos que lo usaban de paraguas, pero, de repente, llegó uno. Era un pajarito que se llamaba Tomás, pero sus amigos lo conocían como “Pajarraco”.

Pajarraco todavía no se había posado en ninguna rama. Volaba y volaba en dirección a un pino, pero de repente, una gran racha de viento hizo que cambiara de rumbo y fuera hacia Pedro. Oblicuamente iba disparado hacia nuestro amigo, y al llegar a él se posó encima de su copa en lugar de cubrirse bajo ella de la lluvia. Pedro quedó anonadado y Pepi muy aturdida, ya que Tomás estaba junto a ella.


(To be continued…)

martes, 16 de febrero de 2010




“Diez temas redondos dan forma a un disco

que hay que entender como vinilo, con sus dos

caras bien diferenciadas.

Así, la primera de ellas

vendrá a estar conformada por algunas de las

canciones de espíritu más reposado y

acústico mientras que la segunda presentará mayores

dosis de electricidad, aunque siempre teniendo

en cuenta que se trata de una obra muy poco inmediata


Comentarios de Itxu Diaz:

1. Las consecuencias

Una guitarra acústica sola, rasgada con pausa, baila lentamente, introduciendo la primera estrofa del disco: "Las consecuencias son inevitables", canta Bunbury. Toda una declaración de principios en los primeros segundos del disco más profundo del artista. Estamos ante una balada que se sustenta en la profundidad de la voz del cantante, y en la elocuencia de su mensaje. Su letra nos habla de batallas perdidas, de todo lo malo que vendrá, de la vida, con todas sus cartas al descubierto. Una canción para después del armisticio y para antes de una guerra. Una historia en la que lo importante es el objetivo: asustar un poco. Y, de paso, prepararnos para el resto del disco.

2. Ella me dijo que no

Comienzo instrumental de altura, con los violines rasgando el cielo, que pronto darán paso a un arpegio lleno de melancolía. Uno de los grandes cortes del disco. La voz de Bunbury, pausada y medida otra vez, lamenta el final de un amor. Sobre esa introducción instrumental y ese mismo arpegio camina todo el llanto, trufado de grandes versos. Aislados, tristes, solitarios. En la recta final, las potentes voces terminan rompiendo en dos la canción, que desemboca en un medio tiempo de rock suave. En el último suspiro, vuelve la calma para el adiós: "ella dijo se acabó". Bunbury, quizá, más triste y melancólico que nunca. Redonda y cálida tristeza. Grandes momentos en 'Las consecuencias'. Desde los tiempos de los primeros poetas, a esto se le llama la belleza de la melancolía.

3. El boxeador

El mar y las gaviotas arropan los primeros acordes de "El Boxeador". Bunbury describe a su protagonista como un luchador que entrena en la playa lanzando ganchos al aire. Desde los primeros acordes, se va elevando una historia de lucha, pero sin lucha. Lo importante es tratar de resistir. Todo se acompaña aquí de un ritmo sutil, marinero, como un perezoso acompañamiento a su voz, también distraída.

4. Frente a frente

Es el single del disco y refleja bien lo que pretende Bunbury con 'Las Consecuencias'. Acompañado de la voz de Tulsa, el artista refresca este clásico -o incluso lo vuelve más añejo- popularizado por Jeannette en 1981. La gran diferencia con otros temas del álbum es que en Frente a frente el artista logra dar una profundidad mágica a todo el corte, mediante la amplia instrumentación de cuerda que adorna cada esquina de la canción. En otros temas, la voz sustenta la historia. En esta, es la atmósfera de cuerda -ahora sí, trabajando a destajo- la que se encarga de alzar y sostener todo el edificio.

5. 21 de octubre

La oscuridad a la que tanto aludimos al hablar de 'Las consecuencias' es esta canción. La voz grave y solitaria de Bunbury acompañada sólo de unas tímidas guitarras acústicas, como gotas que, por momentos, se vuelven imperceptibles. En la recta final, tras la crudeza, despierta la esperanza de una armónica, jutos antes de que el artista cante "ojo por ojo, diente por diente / lo que mereciste es lo que tienes". Y tras el último estribillo, con sabor a despedida, muere la canción, pero muere en las tinieblas y el silencio. Se va como llegó. Como una tormenta que descarga con furia, y sigue su camino dejando atrás las ruinas.

6. Lo que más te gustó de mi

Medio tiempo suave, que se deja llevar, a veces a la ranchera, a veces a otras fronteras musicales más difusas. No es fácil de determinar: el órgano rompe el compás, al tiempo que sella la canción y la hace inconfundible, de melodía asequible. Destaca también aquí la letra, que brilla especialmente en estos versos memorables: "Lo que más te gustó de mi / es lo que quieres cambiar" y "sabes que pienso / que una retirada a tiempo / es siempre una derrota".

7. Los habitantes

En Los habitantes Bunbury abandona fugazmente la oscuridad para abrazar el rock brillante, sereno y pausado, pero enérgico y despierto. No es incompatible. Un contrapeso medido y acertado para el álbum. Un medio tiempo de fuerza arrolladora, con el empuje de la potente voz del cantante y la sonoridad de toda la banda, esta vez más eléctrica y mucho menos acústica. Seguramente, los fans del artista reconocerán mejor que nunca al Bunbury de Héroes del Silencio en esta canción. Los habitantes clama por sonar en directo con una legión de seguidores en primera fila gritando hasta la locura: "y en mundos más allá / o en mundo venideros / nos echaremos de menos / o envejeceremos a la vez". Los habitantes, otro de los grandes momentos del álbum.

8. Es hora de hablar

Bunbury tira de la cadenita, clic, y apaga de nuevo la luz de la mesilla. Con la habitación invadida de bruma y el recuerdo salvaje de Los habitantes resonando en la antesala del oído, susurra esta letra reflexiva y profunda en la que confiesa grandes verdades sobre las cosas que nos suelen distraer en la vida, que son casi todas las que nos ocupan. Esas cosas que nos pueden hacer olvidar lo importante. Lo que empieza como una reflexión, termina como un grito de rabia. Por eso, en el ocaso de Es hora de hablar, el susurro cobra vida y la banda entera rompe el silencio para brindar otro rock medido, eléctrico, que recuerda a veces, a los viejos clásicos de Héroes del Silencio.

9. De todo el mundo

Para empezar, el aeropuerto, para escenificar a ese viajero que no se amarra a ningún puerto, que vuela, tal vez dejando su sello en todos los escenarios. Otro tema pausado, que se pone en pie en los estribillos: "Que no me atrape lo mundano / si prefiero / no estar quieto / que no me pongan / en un aprieto / por algo que no está en mi mano". A Bunbury se le nota que ha cuidado mucho las voces en este álbum. Se agradece el esmero en todas las canciones de 'Las consecuencias'. Lo demuestra y lo utiliza a su antojo aquí para subrayar lo que más le interesa: "Soy vagabundo / siempre de paso / de aquí y de allá / de todo el mundo".

10. Nunca se convence del todo a nadie de nada

El disco se cierra con oscuridad y profundidad, como empezó. Esta es otra letra reflexiva de gran calado y otro tiempo tranquilo, con aires de eternidad en el estribillo, especialmente logrado en su serenidad. A veces da la impresión de que el artista sabe que ha hecho un gran disco. Quizá por eso decide cerrarlo con estos versos: "Y empiece / como empiece / todo acaba / siendo menos / de lo que / yo esperaba / y nunca se convence del todo a nadie de nada". Por si alguien no lo había entendido antes. Un gran cierre, para un gran álbum, que dejará poso en todos aquellos que tengan paciencia; esa paciencia tan especial que la buena música exige casi siempre para dejarse ver.

Conclusión

Los grandes artistas se distinguen de los mediocres por su capacidad para elevarse sobre su propia trayectoria, otear el trecho recorrido con distancia y frialdad, y tomar decisiones sobre el futuro, sin temor a equivocarse y sin lanzarse sin más a la tentación de la originalidad más estridente. No se trata de sorprender por sorprender, sino de tener cierta capacidad de administrar el talento propio, y de rebuscar en sus propias posibilidades artísticas. Bunbury lo ha hecho en este disco. Muchos de sus seguidores dirán que lo lleva haciendo muchos discos, pero creo que esta vez ha sucedido algo especial. Bunbury ha logrado un álbum realmente amable, de media luz, de trago largo. Oscuro, pero alcanzable, extrañamente próximo. Sencillamente íntimo, en la medida de las cosas que todos necesitamos meditar cuando miramos hacia el interior. Por eso es un disco cercano, accesible, aunque denso.

En realidad, Bunbury ha conseguido un álbum equilibrado, que hará disfrutar a los más fans del artista, pero que tiene también una cierta capacidad para la universalidad que, muy de vez en cuando, brindan algunos artistas. Tal vez sea la profundidad, la oscuridad, la atmósfera, la madurez, o simplemente, el momento y la oportunidad. Pero es así como llegan 'Las consecuencias'. Para quedarse largo rato en la estantería de los discos que hablan al corazón de las cosas importantes.

A pesar de que el artista crea que nunca se convence a del todo a nadie de nada. Hay excepciones. Con todo, lo mejor que se puede escribir de un disco que ha sufrido varios retrasos y que ha generado tantas expectativas, es que la espera ha merecido la pena. Y, sin duda, se puede decir: la espera ha merecido la pena. Veremos cuales son las consecuencias.


http://www.popes80.com/noticias.php?id=1910

LOS COMIENZOS: Algo que sonara II


...Continúa

La primera parte la tenía ya clara, ahora me faltaba conseguir algo que sonara para ver qué hacía el programa ese. Al igual que al descubrir el icono del altavoz, empecé a entrar en todas las carpetas que se encontraban a mi paso, hasta que después de muchos intentos sin encontrar nada, tuve que tomar una decisión.

Frente a frente me las vi con la carpeta WINDOWS. Hacía algún tiempo nos habíamos visto las caras, y me había ganado la batalla que tuvo como consecuencia una gran bronca de mi padre. En el interior de la carpeta había un archivo que se llamaba “Comand” o algo parecido, y pensando que era algún tipo de juego de Guerra o algo, la seleccioné, le di a suprimir, vacié la papelera de reciclaje, y la siguiente vez que se quiso encender el ordenador, ya no pudo ser. El archivo Comand era alguno de esos que el disco duro necesita para funcionar.

Así pues, estaba como ya he dicho frente a la Carpeta Windows, y me acordé de la anterior vez. Lo que más aprendí en la batalla perdida fue que en esa carpeta no hay que entrar, pero necesitaba algo que sonara, así que fui valiente y me sumergí de lleno en ella. ¡Justo! En una subcarpeta habían muchos archivos con el icono del reproductor Windows Media. Eran los sonidos que el ordenador utilizaba cuando se encendía, se apagaba, se abrían carpetas, se borraban… y ese que tantas veces oyes a lo largo de tu vida que significa: “¡Error!”.

Importé alguno de esos archivos de sonido en el programa que acababa de descubrir, y de repente, era como si me hubiera transformado en todo un profesional. No por saber manejarlo (que no tenía ni pajotera idea), sino por la forma de onda que se dibujó en la pantalla, y todas las opciones que podía elegir para hacer cosas con ella.

Copiaba y pegaba manualmente los sonidos, importaba otros y los pegaba encima de los de antes, invertía otros, los entrecortaba…

Había creado algo que sonaba a partir de cosas que ya sonaban. Ni me lo creía. Y me lo empecé a creer. Era como si fuera el Creador del universo, yo solo había creado cosas que anteriormente no existían. Incluso grabé un CD con algo que sonaba.

Ésta es la “bonita” historia del porqué me gusta el sonido y cómo empecé a entrar en ese mundo.

He buscado mil veces ese CD que grabé para escucharlo, ya que me haría gracia ver lo que hacía.


Continuará...